jueves, 25 de septiembre de 2008

(…) …HIEREN MI CORAZÓN…

Con este fragmento de la estrofa, los ALIADOS, situados en suelo británico, alertaban a sus colaboradores del Continente y más concretamente a los del territorio francés, de la inminencia del desembarco y la invasión por las playas de Normandía, que pasó a la historia de la segunda G.M. (Guerra Mundial), como la gesta del DIA “D”.

La confirmación llegaría cuando se emitió por radio el complemento del verso que decía: …CON MONÓTONA LANGUIDEZ.

Así, con un poema de sublime elevación se anunciaba lo que iba a ser el final para varios miles de seres sacrificados en aquel, para ellos fatídico día y el principio del fin de la G.M. (Gran Monstruosidad) para el resto de la humanidad que participaría -probablemente sin tener conciencia plena de la trascendencia del hecho-, en un vuelco sin retorno en el, a la sazón, devenir social, económico, tecnológico, etc. del mundo.

Y poesía, más o menos asumible, son las letras de algunas canciones que, en ocasiones, pueden resultar premonitorias aunque, al contrario de la utilización de los versos de VERLAINE no tengan por objeto advertir de tragedias venideras.

Remedios Amaya interpretó en el Festival de Eurovisión de 1986 que se celebró en Munich, una canción que comenzaba repitiendo el título que decía: QUIEN MANEJA MI BARCA… y su autor, Isidro Muñoz, más que probablemente, no podría imaginar que ganaría las elecciones de 2004 Z.P. (Zeta Pe), quien, en esa legislatura destartalaría las arcas públicas. Menos aún –digo yo-, que continuaría por el mismo camino en una segunda donde, en campaña, dijo que él “no embarcaría en una nave cuyo capitán no estuviera seguro de la derrota” ( no empleó, naturalmente, este término por su carácter antipopulista), pero, lamentablemente, nos llevó, a quienes navegamos en la barca que él pilota, a la nefasta situación actual (no sé si con conocimiento de causa) y que espero que no nos conduzca al descalabro total.
Quiero recordar que la canción sigue: …A LA DERIVA ME LLEVA, ¡AY!, y aquí sí, confío en que seamos lo suficientemente cautos para que, aprendiendo a interpretar los mensajes de la Historia (con música o sin música, en verso o en prosa), logremos impedírselo.

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